Fabricaron una falsa acusación para justificar el asesinato de su pareja: el caso de las gemelas Vázquez de Sabadell
- Por Meganoticias
El asesinato de Pedro Fernández, un hombre de 55 años cometido en la madrugada del 10 de julio de 2021 en la localidad barcelonesa de Sabadell, se ha convertido en uno de los casos criminales más analizados de la reciente jurisprudencia española. En enero de 2025, el Tribunal Supremo español puso el punto final a un proceso judicial de más de tres años y ratificó las condenas de hasta 23 años de prisión para los tres autores de un crimen que combinó premeditación fría, instrumentalización de una falsa acusación de violencia de género y una prueba grabada casualmente por un vecino desde la mirilla de su puerta.
El caso, conocido en la prensa española como "el crimen de las gemelas de Sabadell" o "el complot de las gemelas Vázquez", es hoy referencia jurisprudencial por una razón concreta: es el ejemplo más claro y reciente de cómo el sistema judicial español, al investigar rigurosamente las denuncias y verificar las pruebas, es capaz de identificar cuando una acusación de maltrato ha sido fabricada como coartada. La abrumadora mayoría de las denuncias de violencia de género en España son verídicas y así lo confirman las estadísticas oficiales sostenidas durante más de una década. Precisamente por eso, cuando aparece un caso donde la denuncia es falsa, el aparato probatorio funciona.
Quiénes eran las cuatro personas involucradas
Pedro Fernández, la víctima, era un hombre integrado en su comunidad y con una trayectoria deportiva de primer nivel: había sido pentacampeón de España y campeón de Europa de artes marciales. Padre de una hija, se había divorciado años antes de su exesposa Marina, con quien había estado casado durante 24 años. Su exmujer testificaría más tarde en el juicio confirmando que Pedro nunca había sido violento durante toda su convivencia.
Tras el divorcio, Fernández inició una relación afectiva con Dolores "Loli" Vázquez, una relación conflictiva marcada por el cuadro de alcoholismo severo y episodios de celotipia patológica que ella arrastraba desde hacía años. Las discusiones eran constantes. Las caídas accidentales derivadas de su consumo de alcohol le provocaban lesiones y hematomas frecuentes. Cuando Pedro decidió terminar definitivamente la relación por su insostenibilidad, Dolores tomó una decisión que desencadenaría todo lo demás.
Le contó a su hermana gemela, Pilar "Pili" Vázquez, un relato completamente falso: que las lesiones que exhibía en su cuerpo no eran producto de sus caídas por el alcohol, sino de supuestos malos tratos ejercidos por Pedro. Pilar asumió íntegramente el relato de su hermana gemela y se lo transmitió a su pareja, Isaac Gil. Los tres desarrollaron una intensa animadversión hacia Fernández y comenzaron a planificar su muerte.

Semanas de premeditación registradas en WhatsApp
La conspiración se articuló durante semanas a través de conversaciones telefónicas y mensajería instantánea que la investigación posterior de los Mossos d'Esquadra recuperaría íntegramente. En los mensajes intervenidos, los tres implicados evaluaron abiertamente distintos métodos para llevar a cabo el crimen: el uso de cloroformo para adormecer a la víctima, la aplicación de dispositivos eléctricos de contacto en la zona cardíaca, y el traslado posterior del cuerpo envuelto en una manta hacia una zona forestal aislada donde no pudiera ser localizado.
Uno de los mensajes recuperados, atribuido a Isaac Gil y citado por diversas emisoras españolas durante la cobertura del juicio, hablaba explícitamente de "entre el cloroformo y los chispazos que mete, eso quedará muy doblado". La calidad y densidad del registro digital preservado fueron decisivas para desmontar posteriormente la estrategia defensiva basada en una supuesta reacción espontánea. Nada de lo que sucedió esa madrugada fue improvisado.
La emboscada del 10 de julio de 2021
La ejecución del plan se fijó para la noche del 9 al 10 de julio de 2021. Dolores citó a la víctima en su domicilio del barrio de Can Llonch, en Sabadell, utilizando como cebo la propuesta de un encuentro íntimo. Pedro Fernández acudió pasadas las 22:00 horas después de terminar su jornada de trabajo en una finca hípica, sin sospechar absolutamente nada. Durante las tres horas siguientes permaneció en la vivienda, desprevenido, mientras Dolores coordinaba discretamente por mensajes la llegada de su hermana Pilar e Isaac Gil.
Alrededor de las 02:00 de la madrugada, Isaac confirmó por mensaje que estaba a punto de llegar. Pilar y él acudieron al edificio portando una palanca metálica de tipo "pata de cabra". Dolores les abrió la puerta desde el interior. Isaac ingresó directamente al dormitorio y atacó a Pedro Fernández mientras dormía.
A pesar del primer impacto, la víctima logró incorporarse y trató de escapar hacia el descansillo comunitario del edificio, donde perdió la vida. El informe médico-forense acreditó posteriormente un traumatismo craneoencefálico severo con múltiples fracturas y un desenlace inmediato por shock traumático. Los peritos confirmaron también un dato crucial: Fernández no presentaba lesiones defensivas en brazos ni manos, lo que confirmó que la agresión había sido totalmente sorpresiva y sin posibilidad de respuesta.
El vecino que grabó la escena por la mirilla
Lo que las gemelas Vázquez e Isaac Gil no habían calculado fue la reacción de un vecino del mismo edificio. Alertado por los ruidos que provenían del rellano común, un residente del piso contiguo tomó su teléfono móvil, se acercó a la puerta y comenzó a grabar a través del ojo de la mirilla lo que sucedía al otro lado.
El video que aquel vecino registró se convirtió, junto a las conversaciones de WhatsApp intervenidas, en la prueba central del caso. Las imágenes mostraron a Isaac Gil sobre el cuerpo de la víctima, y minutos después a las dos hermanas gemelas —físicamente idénticas— limpiando pausadamente la sangre del suelo y las paredes del descansillo junto al ejecutor. La documentación audiovisual acreditó la colaboración consciente y coordinada de las tres personas en la escena del crimen.
Cuando las patrullas de los Mossos d'Esquadra llegaron minutos después, sorprendieron a Isaac Gil empuñando una fregona y cubierto de sangre, intentando aparentar que se había producido un accidente doméstico. La versión no sostuvo ni cinco minutos de examen policial.
El desmontaje probatorio de la estrategia defensiva
Durante el juicio oral celebrado ante el Tribunal del Jurado de la Audiencia Provincial de Barcelona, las defensas orientaron su tesis hacia la legítima defensa y el estado de necesidad. Sostuvieron que Isaac Gil había actuado de manera imprevista para interponerse en una supuesta agresión donde Pedro habría atacado a Dolores, y argumentaron que la actuación de los tres buscaba frenar un historial de violencia de género contra ella.
Esta línea argumental quedó desmontada de forma sistemática mediante tres bloques probatorios independientes:
1. La evidencia digital y las comunicaciones interceptadas. Los registros de conversaciones telefónicas y mensajes de WhatsApp en los días previos al crimen demostraron premeditación concertada. Los debates sobre uso de cloroformo, dispositivos eléctricos, mantas para envolver el cadáver y fijación del momento del ataque destruyeron por completo la hipótesis de una reacción espontánea.
2. El registro audiovisual grabado por el vecino. Las imágenes mostraron a las dos gemidas actuando de forma serena y coordinada minutos después del ataque, incompatible con cualquier versión de defensa improvisada.
3. La prueba pericial forense y el examen del historial de la víctima. La autopsia confirmó la ausencia total de lesiones defensivas en Pedro Fernández. La inspección exhaustiva de antecedentes policiales y judiciales acreditó que la víctima no registraba ni una sola denuncia por violencia de género ni un solo parte sanitario en su contra durante toda su vida adulta. El testimonio de Marina, su exesposa durante 24 años, confirmó el perfil pacífico de Fernández. Las marcas y hematomas que Dolores exhibía en ocasiones anteriores respondían a caídas provocadas por su cuadro de alcoholemia grave, no a agresiones.
Del jurado popular al Tribunal Supremo: tres instancias, tres sentencias
El recorrido procesal del caso tuvo tres etapas bien definidas:
La Audiencia Provincial de Barcelona, en octubre de 2023, dictó una primera sentencia condenatoria basada en el veredicto de culpabilidad del jurado popular. Sin embargo, la magistrada ponente aplicó penas en la franja inferior del tipo penal, considerando —de forma que sería revisada posteriormente— el supuesto contexto de maltrato como circunstancia minoradora. Las condenas iniciales fueron de 20 años para Dolores, 17 para Isaac y 16 para Pilar.
La familia de la víctima recurrió al Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC), con adhesión del Ministerio Fiscal. En marzo de 2024, el TSJC corrigió esa primera sentencia y elevó las condenas. La Sala identificó una contradicción de fundamentación: el propio jurado popular había calificado la supuesta violencia previa de Pedro como "hecho no probado", lo que hacía jurídicamente improcedente aplicar una atenuación basada en un presupuesto que la propia investigación había descartado. Las nuevas penas quedaron fijadas en 23 años para Dolores (con la agravante de parentesco), 20 para Pilar y 20 para Isaac.
Las defensas recurrieron en casación al Tribunal Supremo alegando vulneración de derechos fundamentales. En enero de 2025, el Alto Tribunal desestimó los recursos y ratificó íntegramente las penas fijadas por el TSJC. La sentencia quedó firme.
Una doctrina jurisprudencial con implicancias más amplias
El fallo definitivo del Tribunal Supremo consolidó una doctrina de trascendencia para futuros casos: los tribunales no pueden aplicar atenuantes basados en violencia de género que no ha sido acreditada probatoriamente, incluso cuando la defensa la invoque como contexto ambiental. La resolución protege la memoria de las víctimas frente a alegaciones infundadas y refuerza la exigencia de congruencia entre el veredicto fáctico del jurado y la individualización de la pena.
Al mismo tiempo, el caso ilustra el peso determinante que la prueba digital ha adquirido en la persecución de delitos premeditados. La preservación de las conversaciones de voz y mensajes de texto, sumada a la inmediatez de las grabaciones audiovisuales aportadas por testigos presenciales, permitió reconstruir con precisión milimétrica la fase preparatoria del crimen, la ejecución de la agresión y los intentos posteriores de ocultación.
Pedro Fernández fue asesinado por tres personas que planificaron durante semanas su muerte y que después intentaron justificarla ante los tribunales inventando un pasado de maltrato que jamás había existido. La justicia española tardó tres años y medio en agotar todas las instancias procesales. Pero al final, con la evidencia digital, el video del vecino y el trabajo forense en la mano, la coartada se cayó por completo. Las gemelas Vázquez e Isaac Gil pasarán las próximas dos décadas en prisión por lo que hicieron aquella madrugada de julio en el rellano de un edificio de Sabadell.
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