Sebastián Lelio y el sueño que confesó en Radio Infinita meses antes de su muerte: "Me gustaría vivirlo alguna vez"

El cineasta chileno Sebastián Lelio murió este viernes 6 de noviembre de 2026, a los 52 años. El director de "Gloria" y "Una mujer fantástica", la primera película chilena en ganar el Óscar a Mejor Película de Habla No Inglesa, falleció en su domicilio.

La noticia fue confirmada por su esposa, la actriz Amalia Kassai, mediante un comunicado firmado por las familias Lelio Kassai y Campos Watt, que atribuyó el deceso a motivos de salud y pidió respeto por la intimidad familiar: "Estamos atravesando un momento de mucho dolor".

Lelio se encontraba en pleno rodaje de "Poeta chileno", su adaptación de la novela de Alejandro Zambra, que había comenzado a filmar hace solo unas semanas.

Meses antes, en mayo de este año, Lelio conversó con Juan Manuel Astorga en "Mirada Infinita", de Radio Infinita. Durante casi una hora habló de sus miedos, de sus gustos, de la película que nunca logró filmar y de un deseo que confesó con total franqueza. Cuando se le preguntó cómo prefería que lo presentaran, eligió una palabra: realizador. "Es como un real izador", bromeó.

"Pensar contra sí mismo": por qué Lelio filmaba vidas que no eran la suya

A diferencia de muchos cineastas que construyen su obra a partir de su propia biografía, Lelio explicó que su interés estaba en el otro. Para él, una de las funciones del arte era "quitarse uno del camino" para dar espacio a ideas más grandes que las propias. "Lo interesante es el cruce con lo desconocido", resumió.

Así describió a sus protagonistas: personajes ubicados en el cruce entre la ley y el deseo. Una mujer trans en el Santiago de 2017, antes de la Ley de Identidad de Género. Una mujer de 59 años que se resiste a tirar la toalla, como Gloria. Una joven enfermera en la Irlanda rural del siglo XIX, en "El prodigio" (The Wonder). Para explicar ese esfuerzo usó una imagen: la de un prisionero que cava un hoyo con una cucharita para mirar quién está al otro lado.

Contó además que encontró su primer ejercicio en la escuela de cine, de alrededor de 1996. Era una historia sobre cuatro mujeres, filmada cuando todavía no tenía idea de cuál sería su lenguaje.

El miedo de su primer rodaje en inglés: "Era como ir al colegio por primera vez"

Pese a su recorrido internacional, Lelio no ocultó sus inseguridades. Recordó que la primera vez que filmó fuera de Chile, con Rachel Weisz y Rachel McAdams en "Desobediencia" (Disobedience), llegó aterrado a un set lleno de tráileres y equipos. Pensó que todo eso existía por su culpa y que algo tendría que hacer al respecto.

La revelación llegó al final de esa primera jornada: había una cámara, había actores, no alcanzaba el dinero y estaban atrasados. "Se sentía como en casa", contó. El problema, descubrió, era el mismo en todas partes.

De ese mundo rescató algo que lo impresionaba: cómo la excelencia de actrices como Julianne Moore o Florence Pugh contagiaba al equipo completo, como un toque de gong que ponía a todos en alerta. Esa misma exigencia era la que pedía a las actrices debutantes con las que trabajó. "Es súper difícil hacer películas", admitió.

La película que llevaba más de diez años intentando hacer

Consultado por los proyectos que le gustaría llevar al cine, Lelio planteó otra idea: debería existir una historia del cine de las películas que no se hicieron. Y reveló la suya. Durante más de una década intentó filmar cómo el astrónomo Carl Sagan creó el Disco de Oro, el mensaje sobre la humanidad que la NASA envió al espacio en 1977 a bordo de las sondas Voyager.

Lo que lo apasionaba era el romance que nació en medio de esa misión casi imposible: Sagan se enamoró de una de las colaboradoras del proyecto, la escritora Ann Druyan, con quien luego se casó. Lelio describió el disco como un "réquiem involuntario": si alguna vez es encontrado, probablemente ya no existan la humanidad, la Tierra ni el Sol. La Voyager 1, que en 2012 se convirtió en el primer objeto humano en alcanzar el espacio interestelar, sigue su viaje con ese mensaje a bordo.

Un espectador al que le gustaban todas las películas

Lejos de la imagen del cineasta solemne, Lelio confesó que tendía a disfrutar todas las películas, "incluso las que no me gustan". Saber cómo se construye una escena no le quitaba el placer de perderse como espectador: ambas experiencias convivían. Admitió que en un avión podía ver cualquier entrega de "Rápido y furioso" y que, de madrugada, también terminaba bailando reggaetón.

Cuando Astorga le pidió una sola película, eligió "Zona de interés", de Jonathan Glazer, ganadora del Óscar a Mejor Película Internacional. La cinta retrata la vida doméstica de la familia de Rudolf Höss, comandante del campo de exterminio de Auschwitz, junto al muro del campo. La definió como la obra más extraordinaria de los últimos diez años, porque plantea un problema moral que, a su juicio, alcanza a todos: cómo seguir siendo humano sabiendo del dolor que ocurre al otro lado.

Un optimista frente a la inteligencia artificial

Lelio contó que usaba la inteligencia artificial en su proceso de escritura como quien juega tenis con alguien. Al terminar una escena, pedía a distintas herramientas versiones más filosas, más económicas o más sofisticadas, y tomaba lo que le servía. Su límite ético era claro: presentar como propio un guion escrito por una máquina sería hacer trampa.

Frente a quienes anuncian la muerte del cine, se declaró del lado de los "integrados", en la célebre distinción entre apocalípticos e integrados. Sentir que el apocalipsis le toca justo a la propia generación, dijo, es egocéntrico, provinciano e infantil. Y dejó una frase que hoy resuena distinto: "Si el cine muere es porque va a morir el ser humano".

El sueño que confesó y que no alcanzó a cumplir

Hacia el final, Astorga le preguntó si alguna vez había querido hacer una película pensada para ser masiva. Lelio respondió que sí, que lo intentó. Después de sus tres primeras películas, "La sagrada familia", "Navidad" y "El año del tigre", hechas con recursos mínimos, sintió la necesidad de conectar de verdad con el público, y "Gloria" fue la respuesta a esa búsqueda. También creyó que "La Ola", estrenada en 2025, sería un fenómeno masivo, y reconoció que no ocurrió: "Es una película que lo único que quiere es que la vean".

Entonces formuló su deseo: hacer una película que tocara de verdad el cine y que, al mismo tiempo, fuera un éxito transversal de masas. Admitió que eso nunca le había pasado con bombos y platillos. "Me gustaría vivirlo alguna vez", dijo.

En esa misma conversación adelantó que exploraba nuevos géneros, entre ellos el horror con comedia física. Seis meses después, su muerte llegó en medio de otro rodaje, el de "Poeta chileno". Su obra queda como él mismo describía el cine: un hoyo cavado con paciencia para mirar a los otros. Y en esa historia de las películas que no se hicieron ahora también figura la suya, la de un disco que sigue viajando con un mensaje para quien venga después.