Juanita Parra revela que su padre fue enterrado tres veces tras su fatal accidente en Perú: "He entendido que él es de todos"

En una conversación íntima para el podcast "Hay un después", conducido por Mariana Derderian y producido por la Funeraria Hogar de Cristo, Juanita Parra, baterista de Los Jaivas, hizo un repaso por los hitos más profundos, místicos y desgarradores tras la trágica muerte de su padre, Gabriel Parra, en un accidente automovilístico en Perú en 1988.

Criada en Francia junto a la emblemática agrupación chilena, confesó que a sus 17 años no dimensionaba la magnitud de la fama de su progenitor.

Las palabras de Juanita Parra

El masivo funeral, al que asistieron cerca de 200.000 personas, resultó abrumador: "Entre la pena, la emoción y toda esa gente, me desmayé", recordó.

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Aquel ferviente cariño popular dio paso a una situación insólita: Gabriel Parra fue enterrado tres veces.

Primero descansó en el nicho familiar de su abuelo. Luego fue trasladado a la región de Valparaíso, pero las visitas de fanáticos y bailes religiosos generaron reclamos por ruidos molestos.

Esto obligó a la familia a reubicar sus restos en un sector más aislado. Por esta razón, la artista prefiere evitar el cementerio en los aniversarios para ceder el espacio a los seguidores: "He tenido que entender que él es de todos. A veces voy y termino abrazada de un señor que no conozco, ebrio y llorando por mi papá. Por eso prefiero ir en otros momentos, porque sé que su alma está conmigo siempre", expresó.

Juanita Parra / Redes sociales

La intuición antes de la tragedia

Durante el encuentro, la música también reveló la intuición que precedió a la tragedia. Días antes del viaje de su padre a tierras peruanas, experimentó un inexplicable malestar físico y mareos.

La angustia cesó repentinamente justo cuando ocurrió el fatal accidente en la "Curva del Diablo". Décadas después, un viaje a Machu Picchu junto a su madre le permitió sanar la herida con el país vecino.

El proceso de duelo la alejó de los escenarios durante dos años, hasta que un reencuentro con la banda en Santiago y un sueño de Gato Alquinta —en el que Gabriel le pedía sumar a su hija— la impulsaron a asumir las baquetas.

Tras años de preparación y rituales de sanación, Juanita consolidó su lugar en la leyenda del rock nacional: "En cada concierto lo invoco y le pido protección. Siento que tocamos los dos juntos", concluyó, reafirmando que el dolor se transformó en una memoria viva sobre el escenario.

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