EXCLUSIVO | El cuaderno del horror: Las anotaciones del asesino de Calama

Eran las 10 de la mañana del pasado viernes 27 de marzo cuando en el patio de enseñanza media del Instituto Obispo Silva Lezaeta, en Calama, los alumnos del segundo medio C trabajaban al aire libre en una tarea de música: escribir una mini biografía sobre sus familias y hacer una melodía. Algunos estaban sentados en la escalera que conectaba ese lugar del establecimiento con el segundo piso, mientras otros se encontraban en una banca cercana. Era día de jeans day, una oportunidad para que los alumnos fueran con ropa de calle, sin uniforme, previo pago de $500 pesos. Hasta ese minuto era un día como cualquier otro.

De repente un joven cruzó el patio vestido completamente de negro, con una chaqueta con franjas fosforescentes, pantalones oscuros, lentes de nieve sobre la frente y una mochila que se veía llena. Varios funcionarios lo vieron. Uno de ellos, al preguntar quién era, recibió una respuesta que no derivó en acción inmediata: era Hernán Meneses Leal, del cuarto medio B, un estudiante de 18 años que había repetido de curso.

Lo que pasa es que a esa hora nadie imaginaba que Meneses protagonizaría “una verdadera masacre”, como fue calificado por la PDI, dejando a una inspectora muerta, otra gravemente herida, tres alumnos hospitalizados y una comunidad escolar destrozada.

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El expediente de la investigación de la Brigada de Homicidios de Calama, al que Mega Investiga accedió en exclusiva, revela los testimonios de quienes estuvieron en el lugar y, sobre todo, la pieza que los detectives consideran clave para entender la mente del autor: un cuaderno marca Proarte, con portada de lobo, encontrada al lado de su cama.

La evidencia en la habitación del imputado

"Difundir": Las páginas que nadie había visto

Al costado izquierdo de la cama de Hernán Cristóbal Meneses Leal, en el domicilio familiar de Calama, los detectives de la PDI encontraron un cuaderno, pero no era uno que contuviera apuntes de sus estudios. Era una especie de diario de vida personal en el que el imputado había dejado registro de su estado mental, sus planes y sus “demandas”.

La primera anotación llamativa es una sola palabra, escrita en mayúsculas y en tinta roja en el centro de la página: "DIFUNDIR". Debajo, una instrucción dirigida a quienes lo encontraran, en la que pedía explícitamente que el contenido fuera dado a conocer. Era un macabro manifiesto.

En el cuaderno encontrado al lado de su cama, Hernán Meneses dejó escrito lo que ninguno de sus compañeros ni funcionarios del colegio imaginaba que cruzaba por su cabeza. "La vida no tiene valor, pues nadie vive para ver su impacto o legado, de tener uno, lo mejor que puedes hacer es asegurarte de que dejas algo en el mundo antes de irte, y yo tomé mi decisión", escribió de puño y letra.

Las demandas del imputado en su cuaderno

No era un impulso. Era una obsesión de años. "La idea de los ataques en masa ha estado en mi mente causando fascinación e intriga desde 2016-2017, mucho antes de investigar a fondo y de planear el mío", anotó en otra página. Tenía entre 9 y 10 años cuando, según sus propias palabras, esa idea comenzó a instalarse.

El cuaderno también revela que no fue la primera vez que estuvo cerca de actuar. "Durante uno de los últimos días de clases de 2025 estuve muy cerca de hacerlo? Al retractarme perdoné una vida así que soy un héroe técnicamente, ja!", escribió, con una frialdad que contrasta con lo que vendría meses después.

El 26 de marzo de 2026, un día antes del ataque, volvió a escribir. "Creo que llegó la hora, estoy listo con todo pero no mentalmente, he sido descuidado y he sido obvio por lo que es un milagro haber llegado hasta acá. Seguir posponiendo es un riesgo que no puedo tomar si en verdad quiero hacer esto?". Al día siguiente, ese fatídico viernes, salió armado desde el baño de su colegio.

Lo que siguió duró pocos minutos. Meneses se abalanzó contra María Victoria Reyes, inspectora de 59 años, quien murió con heridas de arma blanca. Luego caminó hacia el patio del establecimiento, donde lesionó gravemente a otras cuatro personas: otra inspectora y tres alumnos de 15 años.

Entre las últimas anotaciones del cuaderno hay una frase que resume el estado mental con que Meneses llegó ese día al colegio: "Se siente raro comprar la ropa con la que voy a morir". Y otra que condensa todo el peso de lo que había postergado: "¿Mi mayor lamento? Posponer tanto esto, debió haber ocurrido mucho antes". La última entrada antes del ataque es más cruda aún: "El peso y realidad de lo que haré comienza a hundirme el pecho a medida que dejo más cosas listas y se siente que no hay vuelta atrás".

Las últimas páginas del cuaderno, fotografiadas el 27 de marzo de 2026 -el mismo día del ataque- muestran una hoja con manchas que los peritos identificaron como sangre, junto a la frase en letras pequeñas: "Final solution". Al lado, un esquema con figuras y una flecha que apunta a la palabra "sangre".

El colegio monitoreaba desde séptimo básico

Hernán Meneses Leal no era un alumno invisible para el Instituto Obispo Silva Lezaeta. Todo lo contrario: llevaba años en seguimiento. La inspectora general de enseñanza media, quien declaró ante la PDI al día siguiente de los hechos, fue categórica en su testimonio.

"Estaba con seguimiento de asistencia a clases desde que iba en séptimo básico, debido a que llevaba largos periodos de tiempo que no asistía a clases. Incluso en un momento tuvimos que decirles a los padres que, si no lo llevaban a evaluación neurológica, nosotros como establecimiento educacional lo haríamos. Ahí llevaron un documento donde se diagnosticaba a Meneses con autismo grado 1, trastorno depresivo y de sueño", dijo la testigo.

La psicóloga coordinadora del Área de Apoyo Pedagógico, quien trabajaba con él desde octavo básico, aportó otro dato relevante al expediente: el establecimiento estaba al tanto de que la familia atribuía parte del problema al uso nocturno de videojuegos. El colegio optó por darle flexibilidad horaria.

"Otro de los argumentos que mencionaron los padres era que estaba enviciado con juegos nocturnos, por lo que no podía dormir, además de los conflictos familiares propios de padres separados", apuntó.

Y es que desde hace varios años los progenitores del imputado estaban separados. El padre residía en Vallenar, trabajando por turnos. Meneses, su madre y hermana, en tanto, vivían en Calama. El establecimiento lo conocía, al menos de nombre, desde el período de pandemia. Según varios testimonios recabados por la PDI, no tenía antecedentes de acoso escolar -ni como víctima ni como agresor- y mantenía relaciones cordiales con sus compañeros de curso. Un inspector declaró haber escuchado, de otros profesores, que el joven expresaba interés en los explosivos y en vivir situaciones de conflicto bélico, aunque aclaró nunca haberlo escuchado directamente.

En el verano de 2026, semanas antes del ataque, Meneses le habría contado a una profesora que él y su familia habían viajado a Texas, en Estados Unidos. Después de lo ocurrido no pocos piensan que esa fábula salió de sus planes en los que pensaba imitar un ataque de un estudiante en un colegio norteamericano ocurrido hace algunos años.

El imputado al ser detenido

Las alerta de ese día

El expediente contiene declaraciones de ocho funcionarios y una estudiante que estuvieron en el establecimiento durante los hechos. Son testimonios tomados por la Brigada de Homicidios de Calama entre el 27 y el 29 de marzo de 2026. Mega Investiga accedió a ellos en exclusiva.

La mañana del 27 de marzo transcurrió con normalidad aparente, según dijeron todos los interrogados. Una inspectora de patio, que llevaba trabajando en el colegio solo desde el 4 de marzo, declaró que fue la primera en ver a Meneses cruzar el patio con una indumentaria inusual. Lo asoció, según sus propias palabras, a una especie de ninja, pero como había “jeans day” dejó pasar el detalle.

"Estas vestimentas inmediatamente me llamaron la atención, dado que parecía y yo lo asocié a una especie de 'NINJA', por lo que le pregunté a S. quién era él, respondiéndome que se trataba del alumno Meneses de 4to año medio, diciéndome que había que tenerle ojo dado que tenía TEA", sostuvo.

Lo vio ingresar al baño de varones del costado poniente del patio. Por radio se solicitó a un inspector que fuera a buscarlo, ya que no había ingresado a clases. Fue entonces cuando esa inspectora, María Victoria Reyes (59), llegó al baño. Ahí, según el expediente, encontró al imputado dentro de un cubículo. Le dijo que debía volver a su sala. Meneses respondió, desde adentro: “ya voy”. Unos segundos más tarde, la tragedia ya estaría desatada.

Testigos de una masacre

M., estudiante de segundo medio C, de 15 años, estaba en la escalera junto a varios compañeros cuando ocurrió todo. Su declaración, tomada en presencia de su madre el 29 de marzo, es uno de los testimonios más completos del expediente.

"Vi que desde la inspectoría pasó caminando hacia el baño de hombres un sujeto el cual vestía todo de negro, tenía su rostro tapado con una especie de mascarilla y portaba una mochila (la cual se veía llena). Personalmente me pareció muy extraña su vestimenta, de hecho, pensé que era una persona externa al instituto que venía a realizar algún trabajo en el establecimiento", dijo.

Minutos después, la estudiante escuchó gritos. Al mirar hacia el baño de hombres, vio a la inspectora Haydee Moya gritando y sangrando en la cabeza. Vio al agresor abalanzarse sobre ella. Comenzó a correr.
"Lo primero que vi fue al sujeto que vestía de negro, tratando de agredir a L.P. con algo que portaba en su mano, no pudiendo establecer si efectivamente se trataba de un cuchillo. De hecho, L. estaba en el piso y desde ahí le lanzaba patadas. Fue en ese momento que apareció E. corriendo y se abalanzó al agresor cayendo ambos al suelo y mi compañero le hizo una llave al cuello para inmovilizarlo".

Ahí la testigo se refiere a quien hoy es considerado un “héroe”, ya que gracias a él –dice la policía- la tragedia no fue mayor.

Gritos de auxilio

La inspectora general de enseñanza media bajó corriendo al escuchar los gritos por radio. Fue la primera en llegar al lado de María Victoria Reyes, la inspectora de patio que cayó al suelo frente a la sala del 3° medio B. La asistió junto a una profesora que también es enfermera y a la paramédica del establecimiento.
"Yo comencé a hacerle compresión cuando nos percatamos que a María Victoria le estaba apretando el pañuelo que tenía en el cuello, por lo que lo cortamos. En eso le medimos los signos vitales, pero ya no estaba respirando", dijo.

La inspectora de 59 años murió en el lugar. Era la encargada del patio de quinto básico.
En tanto, la inspectora Haydee Moya, que llevaba en el establecimiento más tiempo y cumplía funciones en el patio de cuarto medio, sobrevivió con lesiones graves.

Mientras Meneses era reducido por alumnos en el patio, el inspector Jaime Zepeda llegó al lugar y comenzó a desarmarlo junto a un profesor. Lo que encontraron encima del imputado describió un nivel de preparación que quedó consignado en el expediente.

"Yo le saqué unos tres o cuatro cuchillos del pantalón y un cinturón que tenía con bolsillos, los cuales dejé en el suelo lejos de él, mientras que el profesor Eugenio le estaba sacando una mochila. Ese día vestía unos pantalones oscuros, un polerón negro abierto, debajo una polera negra, encima de la polera y debajo del polerón tenía unos tirantes reflectantes que afirmaban un cinturón, en cual tenía dos portas cuchillos. En la cara llevaba un balaclava."

Mientras lo desarmaban, Meneses repetía una frase que quedó grabada en la memoria de quienes estaban en el lugar. El inspector Zepeda la reprodujo textualmente en su declaración:
“Yo ya cumplí con lo que quería, déjenme matarme. Yo me tomé muchas pastillas”.
Se golpeaba la cabeza contra el piso en reiteradas ocasiones. Cuando llegó Carabineros y le preguntaron si había consumido algo, Meneses confirmó que se había tomado 15 pastillas de fluoxetina. También señaló que tenía lesiones propias.

Otra profesora de educación básica, que pudo ver parte de lo ocurrido desde una sala del primer piso mientras cuidaba a alumnos de tercero básico, fue la primera en alertar por radio. Su declaración reconstruye el momento preciso en que el agresor salió del baño.

"Instantes después, al advertir el regreso del alumno autorizado, observé la salida desde el interior del baño de una persona de vestimenta oscura portando un objeto contundente, similar a un palo, con el cual efectuaba movimientos de agresión, levantando y bajando el brazo de manera violenta", sostuvo.

La comunidad que quedó

Tres alumnos del segundo medio C – de iniciales L. P., E. G. y R. C.- fueron hospitalizados con heridas de arma blanca. Según los testimonios, R. C. fue el más grave: la inspectora general señaló que presentaba los mismos síntomas que María Victoria Reyes minutos antes de su muerte. Fue mantenido despierto por una inspectora hasta que llegó la ambulancia.

La Fiscalía de Antofagasta formalizó a Hernán Cristóbal Meneses Leal la semana pasada. El expediente incluye reconocimientos fotográficos de múltiples testigos, todos identificándolo sin dudas como el autor del ataque. La mochila de Meneses quedó en la oficina de la psicóloga del colegio, donde él había estado escondido esa misma mañana antes del ataque.

El cuaderno con portada de lobo, incautado en su habitación, sigue siendo evidencia. Sus páginas -con dibujos, listas, demandas y manchas de sangre- son el intento más elocuente por explicar qué pasaba en la mente del autor. Pero no lo explican del todo. Como ocurre siempre con la violencia más extrema, lo que queda son más preguntas que respuestas.

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