"Lo veo más acorralado": Periodista que escribe libro sobre el caso Zepeda augura una nueva condena en Lyon

En los pasillos del tribunal de Lyon, Francia, donde se desarrolla el tercer juicio oral contra Nicolás Zepeda por el asesinato de la estudiante japonesa Narumi Kurosaki, hay una figura que se ha vuelto tan familiar como los propios abogados: la periodista chilena Verónica Foxley. Lleva diez años investigando este caso, estuvo presente en los dos juicios anteriores y ahora prepara un libro que promete revelar aristas inéditas del perfil del imputado.

El enviado especial de Meganoticias, Pablo Cuellar, la entrevistó en exclusiva.

Lo ve diferente esta vez. Lo ve más acorralado.

"Nicolás Zepeda está mucho más acorralado", dice Foxley sin dudar. "Comete tantas inexactitudes o tiene tantas confusiones en su relato que la impresión que transmite es cada vez peor".

Para la periodista, este tercer juicio tiene una dinámica distinta a los anteriores: al haber pasado por casación, ninguna de las declaraciones ni contradicciones del imputado en los procesos previos puede ser citada por la defensa de Narumi. "Entre comillas, empieza todo de nuevo", explica. Pero lejos de beneficiarlo, eso ha expuesto a un Zepeda que debe sostener su versión de los hechos sin la cobertura que le daban los juicios anteriores.

Impávido frente al dolor de la familia

Uno de los momentos más duros de la jornada fue la declaración de la hermana de Narumi este viernes. Foxley estaba en la sala. "Lo vi impávido", relata. "La mamá estaba desarmada, la hermana también, y había una jurado que aguantaba las lágrimas y se cruzaba las manos por delante para que no se notara que estaba llorando". Esa imagen, dice la periodista, podría pesar enormemente en el ánimo del jurado popular, compuesto por nueve civiles y tres jueces profesionales. Para condenar a Zepeda se necesitan al menos ocho de esos doce votos. "Desde el punto de vista emocional, Zepeda tiene todo que perder", sentencia Foxley.

El perfil de un hombre "muy controlado"

A lo largo de sus años de investigación, Foxley ha construido un perfil detallado del imputado. Ha accedido a mensajes privados que Zepeda intercambió con amigos tras la desaparición de Narumi, ha hablado con compañeros de universidad, con exparejas y con personas que lo conocieron durante su estadía en Japón, en la Universidad de Tsukuba.

Lo que emerge es la imagen de alguien "muy controlado hacia afuera y muy controlado hacia adentro". "Usa un lenguaje como de una persona de 1920 -dice-, un poco pretencioso. Las conversaciones que tenía con sus amigos son rarísimas, todas intelectuales". También hay testimonios sobre obsesiones con la limpieza y otros "pequeños detalles" que, asegura, son claves para entender su personalidad.

Esa misma frialdad, señala Foxley, lo pone en una trampa en el estrado. "Si se muestra muy quieto, parece que no le interesa. Pero si llora, podría interpretarse como una confesión implícita. El rictus que tiene que mantener es extraordinariamente difícil".

Los amigos japoneses que no volvieron

La periodista también habló con Hiroki, el amigo japonés que ese 7 de diciembre de 2016 esperó a Narumi en la estación de tren y nunca la vio llegar. "Dice que se siente muy culpable, que tiene una pena enorme, que ella fue su hermana de la vida", relata Foxley.

Otros amigos japoneses de Narumi, como Shintaro Obata, decidieron no viajar a Lyon esta vez. Diez años de distancia emocional y los miles de kilómetros hasta Francia pesaron más. "Ya es un tema que emocionalmente los tiene cansados", explica.

Su pronóstico: nueva condena, quizás más severa

Verónica Foxley no titubea al dar su predicción. "Me la juego: auguro un mal final para la familia Zepeda". Recuerda que en los dos juicios anteriores el chileno fue condenado a 28 años de prisión, sentencia que fue anulada por el tribunal de casación al detectar irregularidades en el procedimiento y las pericias.

Ahora, si la fiscalía logra acreditar el asesinato con premeditación que sostiene en su acusación, Zepeda podría arriesgar cadena perpetua.

Sobre el padre del imputado -quien publicó un libro cuestionando la investigación y ha aparecido en medios defendiendo a su hijo- Foxley es comprensiva pero firme: "Desde el punto de vista humano, se entiende que un padre proteja a su hijo. Yo personalmente creo que él le cree. Pero poco a poco el relato se ha ido desmoronando".

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