Se le cayó su Rolex al fondo de un lago en 1996: 30 años después, un doble de acción de Hollywood aún bucea para hallarlo

En el verano de 1996, Tom Place tenía 18 años, un Rolex nuevo en la muñeca y la certeza absoluta de que ese sería el mejor verano de su vida. Casi tres décadas más tarde, todavía baja al fondo de un lago del estado de Nueva York a intentar recuperar aquel reloj. Su historia, que ha vuelto a circular en medios especializados y foros de coleccionistas, se ha convertido en una de esas leyendas modernas de obsesión, memoria y determinación.

El protagonista no es un cualquiera. Place es doble de acción de Hollywood, un profesional del riesgo acostumbrado a caídas, explosiones y persecuciones. Precisamente por eso, la ironía de su historia es doble: el hombre que se gana la vida controlando cada milímetro de sus movimientos frente a la cámara perdió su reloj más preciado en un accidente doméstico, con toda su familia mirando.

El día del "power jumping" en el lago Trout

Aquel verano, Place vacacionaba con su familia en el lago Trout, un cuerpo de agua ubicado en el estado de Nueva York. Con sus hermanos había inventado un juego: se turnaban para correr a toda velocidad por el puente de la lancha y lanzarse al agua ejecutando acrobacias improvisadas. Le llamaban "power jumping".

En uno de esos saltos, según ha relatado el propio Place a medios especializados, la cubierta mojada lo traicionó. Resbaló y cayó de espaldas hacia el costado de la embarcación. Al desplomarse, el Submariner que llevaba en la muñeca se enganchó en algún punto del barandal, el cierre cedió y el reloj salió despedido en dirección al agua.

Place se sumergió de inmediato. Buceó una y otra vez en el punto exacto donde había caído. Pero el lago Trout en esa zona supera los 24 metros de profundidad y la visibilidad es prácticamente nula: el fondo está cubierto de limo, vegetación y sedimento que se levanta con cada movimiento. El reloj se hundió sin dejar rastro.

Un Rolex de 3.100 dólares comprado a los 18 con todos sus ahorros

El dato que hace de esta historia algo más que una anécdota de reloj perdido es el sacrificio previo. Place había ahorrado durante años para comprar ese modelo específico. Cuando cumplió 18, entró a una joyería y pagó 3.100 dólares por un Rolex Submariner Date con referencia 16610, un modelo que en ese momento era la joya deportiva de la marca suiza.

No era un capricho pasajero. Para él, ese reloj representaba una promesa cumplida, una recompensa concreta a años de disciplina financiera. Verlo caer al agua no fue solo perder un objeto valioso: fue perder el símbolo material de un logro personal.

Durante los meses siguientes, el joven agotó todas las opciones disponibles en la época. Volvió a bucear en el punto una y otra vez. Consiguió un imán industrial de gran potencia y rastreó el fondo del lago con la esperanza de que la caja de acero del Rolex reaccionara al campo magnético. Nada.

Con el paso de los años, terminó asumiendo que el reloj probablemente estaba enterrado bajo capas de barro y vegetación, imposible de recuperar sin equipamiento profesional. Cerró el capítulo. O eso creyó.

60 horas de buceo profesional en un lago de más de 24 metros

En 2020, cuando la pandemia paralizó la industria del cine y Hollywood se quedó sin rodajes, Place se encontró con algo que no tenía desde 1996: tiempo. Y tomó una decisión. Iba a volver al lago Trout con equipamiento profesional y no iba a rendirse hasta encontrar el reloj.

Se equipó con material de buceo técnico y detectores de metales subacuáticos capaces de operar a profundidad. Diseñó un método de búsqueda sistemático: dividió mentalmente la zona donde calculaba que había caído el Submariner en pequeños sectores, y comenzó a explorarlos uno por uno, con precisión de arqueólogo.

Desde entonces ha invertido más de 60 horas de inmersiones en la búsqueda. Ha subido a la superficie con neumáticos, latas oxidadas, anclas antiguas y todo tipo de objetos metálicos que el lago ha acumulado durante décadas. Ninguno era su Rolex.

El limo y la vegetación han sido su principal enemigo. Cada movimiento en el fondo levanta una nube de sedimento que reduce a cero la visibilidad durante minutos. Aun así, Place sostiene que el reloj tiene que seguir allí. La zona es cerrada, la profundidad es constante y no hay corrientes fuertes que puedan haberlo desplazado lejos del punto original.

El Submariner Date 16610, el modelo que hoy vale una fortuna

Hay otro detalle que hace la historia más interesante desde el punto de vista económico. El Rolex Submariner Date 16610 fue producido entre 1988 y 2010, y hoy es uno de los modelos más buscados por los coleccionistas de piezas descontinuadas. En el mercado secundario internacional, un ejemplar en buen estado puede superar los 8.000 a 12.000 dólares, y las versiones con caja y papeles originales alcanzan valores aún mayores.

Es decir: si Place logra recuperar el reloj, y el interior sigue funcionando (algo posible dado que los Rolex están diseñados con hermeticidad extrema), el valor actual del Submariner sería varias veces superior a lo que él pagó en 1996. Pero, según ha declarado, esa dimensión económica ha dejado de importarle.

Para él, el Rolex se transformó hace tiempo en otra cosa. Ya no es un reloj perdido durante la adolescencia: es un desafío personal, una asignatura pendiente con su propia historia, un capítulo que necesita cerrar. Encontrarlo o no encontrarlo se ha vuelto secundario. Lo importante, parece haber entendido con los años, es no dejar de buscarlo.

Mientras tanto, el Submariner Date 16610 continúa en algún lugar del fondo del lago Trout, cubierto por décadas de barro, esperando que la insistencia de un doble de acción de Hollywood venza finalmente a la vegetación acuática.

Leer más de