La historia de la pequeña isla que quiere independizarse: Tiene apenas 50 habitantes

En la costa alicantina, un puñado de vecinos busca cambiar por completo la administración de su territorio. Se trata de Tabarca, la isla habitada más pequeña de España, que este año dio un paso formal para dejar de depender del Ayuntamiento de Alicante.

El pedido no apunta a convertirla en un municipio independiente en el sentido tradicional, sino a convertirse en Entidad Local Menor, una figura administrativa española que permitiría a la isla hacerse cargo de servicios básicos como la limpieza o el mantenimiento, sin depender de autorizaciones externas para cada trámite.

Detrás del reclamo hay una lista de problemas que, según los propios vecinos, se arrastran desde hace más de una década: deterioro del patrimonio histórico, servicios públicos deficientes y un transporte marítimo que consideran insuficiente. A esto se suma el aislamiento de la isla, a la que solo se puede llegar en barco desde Alicante o Santa Pola.

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El otro factor que pesa en el reclamo es el turismo. En pleno verano, miles de visitantes desembarcan a diario en un territorio de superficie mínima, lo que multiplica la demanda de limpieza, seguridad e infraestructura para apenas 50 residentes fijos.

Actualmente, la isla depende a la vez del Ayuntamiento de Alicante, la Generalitat Valenciana y el Estado central, una estructura que, según los propios vecinos, ralentiza incluso las mejoras más simples.

Si la iniciativa avanza, Tabarca podría tener una junta vecinal propia y un alcalde con competencias sobre servicios esenciales, además de acceso directo a subvenciones públicas y fondos europeos sin pasar por intermediarios.

Tabarca es uno de los enclaves más particulares del Mediterráneo español: conserva un casco histórico amurallado del siglo XVIII, herencia de su pasado como asentamiento de pescadores genoveses, y sus aguas forman parte de la primera reserva marina declarada en España, en 1986.

Esa combinación de historia y naturaleza es justamente lo que atrae cada verano a los turistas, que, según los residentes, son también parte del problema que buscan resolver con más autonomía.

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