Una "plataforma" de servicios criminales: Así evolucionaron los grupos que atacan en el ciberespacio

El ransomware lleva años siendo una de las amenazas más disruptivas del mundo digital, pero su modelo de operación acaba de dar un salto que cambia las reglas del juego. Lo que antes funcionaba como grupos criminales independientes que desarrollaban sus propias herramientas está evolucionando hacia algo más parecido a una plataforma de servicios, donde cualquier actor malicioso puede lanzar ataques sin necesidad de construir su infraestructura desde cero.

DragonForce es el ejemplo más claro de esa transformación. Surgido en la segunda mitad de 2023, este grupo acumula casi 600 víctimas en más de 60 países desde sus primeras actividades registradas en diciembre de ese año, con Estados Unidos como su principal objetivo, con cerca de 300 incidentes registrados, seguido por Canadá, Australia y el Reino Unido.

En Latinoamérica, la huella de DragonForce también es concreta. Brasil, Argentina, Colombia, México, Costa Rica, Guatemala y República Dominicana figuran entre los países afectados, una geografía que deja claro que la amenaza no es exclusiva de los mercados más grandes del mundo y que la región no está al margen de este tipo de ataques.

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Un cartel de servicios criminales

"DragonForce pasó de ser un grupo de ransomware as a service a adoptar un modelo que sus operadores describen como un cartel. Esto representa la consolidación de una tendencia: el paso del ransomware como malware al ransomware como plataforma de servicios criminales", explica David González, Investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.

Lo que hace especialmente preocupante este modelo es que ya no exige a sus afiliados usar el ransomware propio de la banda. En su lugar, ofrece un paquete completo que incluye paneles de administración, sitios de filtración de datos, sistemas de negociación, herramientas para gestionar víctimas y soporte técnico. Todo lo necesario para que un grupo criminal opere de forma autónoma sin haber desarrollado nada por sí mismo.

A esto se suma un modelo de negocio de tipo White-Label, donde los afiliados pueden usar la infraestructura de DragonForce manteniendo su propia marca o identidad criminal. "La víctima puede no advertir que detrás del ataque está la infraestructura de DragonForce", señala González, lo que complica enormemente la atribución de los ataques y la respuesta de las autoridades.

Entre los servicios adicionales que ofrece la plataforma destacan el análisis de los datos robados para maximizar la presión sobre las víctimas y la entrega de kits de extorsión que incluyen listas de contactos de directivos y detalles sobre el impacto regulatorio que podría sufrir una empresa si decide no pagar. Una sofisticación que eleva el nivel de daño potencial de cada ataque.

El impacto de este modelo sobre la seguridad empresarial es directo y multidimensional. Por un lado, baja la barrera de entrada para nuevos actores criminales, lo que acelera la expansión del cibercrimen. Por otro, dificulta identificar quién está realmente detrás de un ataque cuando varios grupos comparten herramientas y servidores. Y hace al ecosistema más resistente, porque si una banda es desmantelada, otra puede tomar su lugar con la misma infraestructura.

"El verdadero riesgo de DragonForce no es la aparición de un nuevo ransomware, sino de un modelo de negocio criminal que convierte al ransomware en un servicio escalable, descentralizado y mucho más difícil de desmantelar. La próxima etapa podría estar definida por plataformas criminales capaces de sostener a decenas de grupos distintos. DragonForce es, probablemente, el ejemplo más claro de esa transformación", concluye González.

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