Turista quiso sacarse selfie en el "tren de la muerte": Se resbaló y murió

Tomar la foto perfecta tiene sus peligros, los que pueden ser hasta mortales. Así lo demuestra el caso de un neozelandés que, por querer captar la mejor selfie de su vida, falleció tras caer desde un ferrocarril en Tailandia, conocido en ese país como el "tren de la muerte".

Este mortal acontecimiento se suma a otros episodios en que personas han perdido la vida persiguiendo el objetivo de reunir miles de interacciones mediante una fotografía. El caso más reciente es de una argentina, quien perdió el equilibrio y cayó por un precipicio al intentar tomarse una foto.

La mortal selfie en el "tren de la muerte"

Según reportan medios internacionales, el extranjero de 45 años era uno de los pasajeros del tren. Con la idea de captar la selfie perfecta, abrió la puerta del vagón y se preparó para inmortalizar su viaje mediante una fotografía.

Sin embargo, el hombre se resbaló y cayó desde una altura de ocho metros, todo esto mientras el tren cruzaba un puente. Los testigos dieron rápido aviso a los controladores de la maquinaria, la que bajó su velocidad tras superar la plataforma de 400 metros de longitud.

Los servicios de emergencia llegaron hasta ese sector de Bangkok, pero las maniobras de reanimación no fueron suficientes para mantener con vida al imprudente turista, pues finalmente falleció por las heridas provocadas por la caída.

¿Por qué se le conoce como "tren de la muerte"?

Ese mortal apodo no es precisamente porque otras personas hayan muerto intentando sacarse una foto, sino que la razón es histórica. Primero, su fama se explica porque los turistas pueden fotografiar el río Kwai, cuyo nombre inspiró la película "El puente sobre el río Kwai", la que narra algunos sucesos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El tren conecta a Tailandia con Birmania, en el continente asiático. Su ruta fue construida entre 1940 y 1943, precisamente en los años en que se desarrollaba el conflicto bélico, para suministrar a las tropas japonesas.

Fue en este contexto en que fue bautizado con el apodo de "tren de la muerte", porque las obras de construcción cobraron la vida de cerca de 100.000 personas, quienes correspondían a civiles y prisioneros de guerra capturados por Japón.