Toy Story 5: ¿vale la pena ver la nueva película de Pixar?

Hay cosas que es mejor aceptar. Uno pasa menos rabias, menos disgustos, se desilusiona menos. Vivimos en un mundo sin ideas. En un mundo donde la existencia de un único producto es incompatible con la inmediatez y la rapidez digital. Ese mundo donde un éxito se convierte en saga y la saga en franquicia. En ese reino del reciclaje, llega Toy Story 5, el regreso al maravilloso mundo de los juguetes.

Antes, vamos al punto de inicio. 1995 y Toy Story se convierte en un pivote clásico del cine de animación moderno. La primera historia creada íntegramente por computador no solo se transforma en un fenómeno técnico, sino que marca la ruta que le dará a Pixar su impronta de estudio maestro. La dulzura, el humor y la habilidad narrativa se replicarán en Toy Story 2 (1999) y culminarán en Toy Story 3 (2010). El arco de un Andy demasiado mayor para usar su imaginación, y por consiguiente demasiado mayor para jugar, que tiene que deshacerse de Woody, Buzz y compañía. Un puñal al corazón infantil que sigue escondido en todos los adultos; un puñal al corazón de aquellos que, siendo jóvenes como Andy, ven perder esa inocencia juvenil. Todavía lloramos cuando Andy deja a Woody en manos de Bonnie. El pináculo de Pixar es uno de los cierres más maravillosos de la historia del cine? Hasta que llegó Toy Story 4.

Y es el mundo en que vivimos: tener películas de Toy Story para toda la eternidad, hasta que los juguetes se conviertan en microplástico. Pero sería injusto juzgar la obra de Toy Story 5 con base en eso. Cargar al hijo con los pecados del padre. Entonces, ¿funciona la nueva entrega de Pixar?

Toy Story 5, dirigida por Andrew Stanton (que vuelve a Pixar luego de Buscando a Nemo y WALL·E), retoma la historia de Bonnie jugando con Buzz, Jessie y compañía, y un Woody perdido por el mundo rescatando a juguetes perdidos. Eso hasta la llegada de Lilypad, una tablet con ojos de rana que atrofia la imaginación de Bonnie. Todo mientras Jessie vivirá su propia crisis existencial, retomando aquello visto en la segunda entrega. Por momentos, es Jessie la protagonista de esta entrega.

Nada nuevo bajo el sol. Las ideas de las tres primeras películas replicadas en esta quinta entrega. Se encauza en el corazón de la saga, pero a base de un reciclado. La llegada de una nueva tecnología que vuelve obsoletos a los juguetes tradicionales (Woody cuando llegó Buzz), la crisis de ver cómo tu niño ya no juega contigo (los juguetes con Andy cuando se va a la universidad) y la necesidad de ir a rescatar un juguete que terminó lejos de casa (los juguetes rescatando a Woody). Los tres pilares de la quinta entrega son la trama de las tres primeras.

Pero acá sí hay cosas distintas. Por primera vez en la saga, los humanos se llevan gran parte del peso emocional de la historia. Toda la aventura de los juguetes se debe a que Bonnie no logra hacer amigos, a la que le cuesta socializar. Y no deja de ser interesante: un mensaje para aquellos que vieron la saga desde su inicio y ahora son padres.

Pero que una idea sea recauchutada no significa que sea mala. Toy Story 5 brilla cuando desplastifica los juguetes y los humaniza. La relación, construida en cuatro entregas, entre Woody y Buzz se siente como una tarde entre amigos de toda la vida. Toy Story 5 sabe cómo tratar a sus personajes, conoce su mitología y su bagaje. Son multidimensionales, son complejos, son intensos.

La película es sustancialmente mejor que la anterior y puede que esa sea su mayor virtud. Toy Story 5 es chistosa, es interesante, tiene una premisa inteligente (que se expande demasiado, pero ahí está) y, lo más importante, tiene corazón; está hecha con cariño. Lamentablemente, su mayor error es pertenecer a una saga que ya no tiene más que aportar. Y sé que dije que es injusto juzgarla por sus antecesoras, pero qué se le va a hacer, somos humanos y somos contradictorios. Una saga que cerró de manera sublime, que logró construir tres obras maestras del cine de animación y que, por avaricia —hija del momento que vivimos—, no terminó cuando debería haberlo hecho.

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