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Columna de Mauricio Morales: El gobierno está aturdido

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Es una lástima lo que está sucediendo en Chile. Más allá de la enorme crisis de seguridad pública que nos conduce a normalizar hechos inéditos de violencia, convivimos con un gobierno totalmente inerte. Hasta ahora, es un simple espectador del deterioro en las normas de convivencia y de un sistema político reconocido —en su momento— como uno de los más estables de la región.

El Presidente continúa de vacaciones en medio de un enorme problema derivado de las pensiones de gracia. Adicionalmente, pocas posibilidades se ven para el avance de la reforma previsional y lo mismo ocurre de cara a la negociación por el pacto fiscal. Como si esto fuera poco, el caso “Democracia Viva” parecer no tener término. Por último, se ha desatado una serie de conflictos en el gabinete. Con esto no sólo me refiero a las opiniones sobre la participación de “Peso Pluma” en el Festival de Viña del Mar, sino que también a la evaluación que hiciera el ministro Cordero y la ministra Orellana sobre la desafortunada intervención del diputado Ibáñez en la reciente discusión relativa a la reforma previsional.

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El diputado no tuvo mejor idea que atacar gratuitamente a la presidenta del partido que disponía de los votos para avanzar en el trámite legislativo de esa reforma, demostrando cierto grado de inmadurez al momento de tratar asuntos políticos de extrema importancia.

En el gobierno todos se miran las caras, pero nadie toma decisiones. La última encuesta CADEM registra un 32% de aprobación presidencial, lo que se ha transformado en una tendencia. En esta medición no se capturó el efecto del conflicto derivado de las pensiones de gracia ni de los últimos asesinatos. Parece no haber conciencia de la mala evaluación que tiene la ciudadanía respecto al manejo de la seguridad pública. La misma encuesta registra una aprobación del 84% a la PDI y del 75% a Carabineros, mientras que el gobierno solo alcanza un magro 25%, más cerca de los fiscales (21%), jueces (12%) y Congreso (10%).

 

El gobierno se resiste a convocar al COSENA y también a que los militares tomen el control de la infraestructura crítica, medidas que registran un respaldo del 70% y 80% respectivamente. Incluso, decretar estado de excepción en la Región Metropolitana alcanza un 65%. Nada de eso, no obstante, está en la agenda del gobierno. Quizás por eso está perdiendo apoyo en los votantes de izquierda y en quienes votaron por Boric al momento de evaluarlo en asuntos de seguridad pública.

¿Qué le pasa al gobierno? Desde el plebiscito de 2022 que hay una especie de aturdimiento, el que se agudizó en diciembre de ese año con los indultos presidenciales. Tuvo un cierto respiro con el resultado del plebiscito de 2023, pero ha caído en una espiral de indecisión que lo tiene en el foso. Además, es renuente a asumir responsabilidades, lo que hace que las crisis no se resuelvan de manera inmediata, sino que gota a gota, lo que va horadando la confianza y credibilidad. El problema es que esto va a explotar por algún lado, ya sea con un cambio de gabinete o por tomar medidas que están en las antípodas ideológicas de la coalición de gobierno.

¿Qué pasaría si el Presidente Boric deja como legado un estado de excepción perpetuo en la Araucanía y a los militares defendiendo la infraestructura crítica del país? Un grupo de actores, en medio de la campaña presidencial, grabó un video en que decían: “Vota Gabriel, vota Gabriel, y que los milicos se devuelvan al cuartel”. Si esos actores vieran el resultado de la última CADEM se caerían de espalda. Un 80% está de acuerdo con que los “militares puedan proteger infraestructura crítica para el funcionamiento de la ciudad sin necesidad de declarar Estado de Emergencia”, apoyo que representa un aumento de 21 puntos respecto a la medición de noviembre de 2019. 

El gobierno debiese conceder a la ciudadanía al menos una de las demandas relativas a seguridad pública. De lo contrario, seguirá mostrando una imagen de rigidez e indecisión, persistiendo en un aturdimiento que está por derrumbar a la izquierda en su conjunto.

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