Se cancela Oktoberfest original. ¡Oye, podrían hacer un streaming por Instagram! ¡Salud, completo extraño!

  • Por Matías Andújar

Me caen bien los curaos.

No le doy plata a nadie que tenga piernas, manos y facultades.

He visto trapear pisos a gente en silla de ruedas haciendo los medios trucos, incluso a gente sin piernas. De guata.

Pero el curao está tostado. Va a morir. No le importa. Es a los únicos a los que les doy plata.

Si es que llegase a tener para mí. 

El Oktoberfest 2020, en Múnich, ya se canceló. COVID.

Decir qué país maneja mejor lo sanitario no es de mi competencia. Por favor.

Mejor vamos a lo del festival de la cerveza.

No hay nada contra ella, obvio.

Hay excepciones, claro, como la franquicia y la onda ondera en nuestro Chile lindo, por ejemplo.



Me muero. Pagaría por no tener que ir. 

No por nada somos el tercer país que más alcohol consume en Sudamérica. Ranking que mide litros por persona. De no ser medido así, hacemos bolsa a todos y nos posicionamos en el Nº 1. En cuanto a litros vendidos y a selfies y fotos de comida y vasos, copones o schoperos.

En el Chile today no se puede salir y estar en la mesa de al lado de otro grupo de personas. Se torna insoportable.

Creo, firmemente, que el bebedor de vino es un poco más adulto que el joven y eufórico bebedor de cerveza. Claramente es una generalización. Pero para hablar de un tema, plantear un tópico, debemos recapitular. Partir del gen. Del general. Generalizar, en síntesis.

Bueno, se estima que la primera bebida alcohólica, es la Hidromiel. Unos 7.000 años a.C.

Un néctar divino.

Siete mil años. Me acordé de Obélix. Pero junto a Astérix se sitúan alrededor del 50 a.C. Los vikingos y su skål se nos presentan unos 700 años d.C.

Otros dicen que la fermentación de la uva fue 8.000 a.C.

Da un poco lo mismo. Tengo La historia del vino de Hugh Johnson, por ahí, pero está sumido bajo varios kilos de otros títulos, así que después lo revisamos.

Además la Historia es ficción. Como una novela. Son relatos sobre el relato de otro relato. Nada firme.  

Mil años más, mil años menos, qué más da. Así como debemos trabajar en lo que sea, debemos dejar la conjetura de las fechas a los historiadores. Y también a quienes celebran sagradamente las mismas fechas todos los años.

En el mundo, todo, es variedad. Y desigualdad.

Ladrones, traidores, confusos, hombres de fe, tiranos, educadores. ¿El sacrilegio es peor que el robo de una naranja? Ay, Madre Tierra, debemos pagar.

Juntarse a beber es el rito social por excelencia. De toda alma. 

Es la ansiedad del pobre y la del rico. Igual que una pandemia.

Paréntesis. No entiendo porqué han legislado a favor de rotular alimentos “altos en calorías” y el whisky de los legisladores sigue sin la calcomanía.

En materia de vicios y adicciones hay tanta diversidad como en toda acción humana. Pero todos consideran que la gravedad de la acción de el de al lado es mayor.

Las categorías son peligrosas.

No sé bien en qué orden de las cosas entraría un festival como éste, pero me parece grosero, por no decir brutal.

Nada comparable al dolor de beber solo. Para morir de a poco.

Hay algo espiritual, generoso, de valentía, incluso, de fineza. Aunque en nuestro planeta no sé si quede algo de estos temas.

Por el contrario, en masa o en grupos, todo se vuelve terrenal. Incluso corporal. Hay un gesto ahí, del bebedor público, muy molesto. El grito del tipo de la mesa de al lado, el tipo que se saca la polera, el tipo que se cree boxeador.

Quizás a ustedes les guste esa Frecuencia Modulada. Yo, me cambio de mesa al toque.

Y de seguro, el país menos civilizado de los que existen hoy día, es el que más tolera todo esto.

Un irónico streaming de este festival, permitiría una comunión mundial nunca antes vista. Y completamente sin ningún sentido.



Pero el alcohol tiene algo muy lindo, y es que ahí descansa lo que hace desbordar los secretos más íntimos. Lo que está bueno y lo que está feo. Sin distinción. ¿Cómo dividir los recuerdos? ¿Cómo dividir el yo?

El alcohol hace alegres transportes, viajes, a veces.

La antigüedad no castigaba ni censuraba la embriaguez. Los mismos escritos de antaño, como si fuesen escritos contemporáneos, incluso los estoicos, avalan y aconsejan de vez en cuando emborracharse para alegrar el espíritu.

Y ahí está «Entre el bien y el mal» de Federico. Anda tú a saber quién está a tu lado. A quién le das esa festiva ¡salud!

Y por otro lado —permítaseme decir— es difícil practicar el amor. Ese arte amatorio por excelencia para todo aldeano de la Tierra. Salvo algunos, claro. Hay que generalizar.

Pero cuando quieres chapar, quieres chapar. 



El beber más tiene que ver con la destreza (resultados eficases) y no con la competencia (estar preparado). Y más con la imagen (imitación) que contra esa poca semejanza (igualdad). 

En el acto de matar la sed se puede olvidar hasta el propio nombre. Y no es un accidente humano.

El sueño también nos puede alterar. Dicen que Mike Patton compuso las letras del «Angel Dust» después de alcanzar, a consciencia, tres días sin dormir. O venir alguna enfermedad y arrebatarnos la prudencia.  

Oh, Baco, vivo en el deseo de volver a hacerlo, te suplico mi perdón.

Me disculpes por disculparme.

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Acá hay un documental chileno del año 71 que nos relata el testimonio de un ex alcohólico. Las imágenes son de archivo y el relato es exquisito. Si tiene tiempo, tómese su tiempo. Vale la pena, son 13 minutos. 

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Aristóteles dice que ningún alma privilegiada está excenta de locura.