Arte, historia y silencio: el rincón de Santiago que conserva obras únicas en el mundo

En pleno centro de Santiago, donde predomina el ritmo acelerado de la ciudad, existe un espacio donde el tiempo parece haberse detenido. Un lugar que resguarda siglos de historia y que reúne en un mismo recorrido una iglesia del siglo XVI y un museo con una colección excepcional de arte religioso en Chile: la Iglesia de San Francisco.

Marisol Richter, historiadora del arte y curadora de Extensión Cultural de la U. Andes (Uandes) destaca su relevancia, "se trata de un conjunto patrimonial, es tanto una iglesia como su museo".

En ese sentido, subraya que la iglesia mantiene elementos originales desde su fundación, algo especialmente significativo en el contexto chileno. “En Chile eso es importante pensando en terremotos y otras circunstancias a lo largo de su historia”. Entre sus características, menciona un basamento de piedra y la presencia de murales antiguos, lo que “lo hace bien único para el tipo de patrimonio que tenemos en nuestro país” señala la experta.

Identidad y valor histórico

El museo, instalado en el antiguo claustro donde vivían los hermanos franciscanos, comenzó a funcionar como tal en 1969. Uno de sus mayores atributos es el origen de su colección. “No es una colección armada por coleccionistas privados o laicos, sino que está constituida por lo que había en ese propio convento”, explica Richter. Este aspecto permite un recorrido histórico que abarca desde el siglo XVI hasta el siglo XX, con especial énfasis en obras de los siglos XVII y XVIII. “Son muy pocos los espacios en Chile donde uno puede ver un arte tan antiguo”, añade.

Dentro de las piezas más destacadas se encuentra una serie de 54 pinturas sobre la vida de San Francisco, realizadas en el Cusco durante el siglo XVII. “Van contando la historia de San Francisco... y se mandó a hacer como una manera educativa o evangelizadora”, señala, destacando también que estas obras fueron realizadas por distintos artistas, algo habitual en la época. A esto se suma una serie dedicada a San Diego, que posee un carácter excepcional, “es única en el mundo en términos de que no existe otro ciclo que hable de un santo y toda su historia”.

El recorrido también incluye una sala dedicada a Gabriela Mistral, que aporta una dimensión adicional al espacio cultural. Sin embargo, más allá de sus obras, el lugar ofrece una experiencia distinta en pleno centro de la ciudad. “Es un espacio abierto a público que es silencioso, que hay aves y que se puede recorrer con tranquilidad”, describe Richter, resaltando además la conexión con la naturaleza, un elemento clave dentro de la espiritualidad franciscana.

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