¿A dónde va la basura tecnológica en Chile?

  • Por Andrés Ramírez

¿Qué pasó?

Muchas veces ni lo vemos, pero hay bodegas repletas con aparatos tecnológicos que ya no se usan. Muchos de esos desechos terminan en un vertedero, pero enterrarlos tiene un costo muy alto y peligroso para el medio ambiente. Enterrar una tonelada de basura tecnológica cuesta casi 400 mil pesos. Eso está cambiando, aunque falta un largo camino para conseguir que este tipo de desechos sean totalmente reutilizables.

Los pioneros 

Hasta hoy Chile estaba muy atrás en comparación a varias naciones asiáticas, pero desde este martes está plenamente operativa una moderna máquina única en nuestro país y latinoamérica. "Porque simplemente los llevan y los entierran, entonces nosotros apostamos aquí al reciclaje completo de estos monitores antiguos, en esta máquina se reciclan cada una de sus partes", dicen César Castro, asesor ambiental de la fundación Chilenter. Se estima que en Chile hay unos 5 millones de esos monitores antiguos, muchos están abandonados en bodegas, otros ya están bajo tierra, pero el objetivo es reutilizar la mayor cantidad posible.



Chilenter, una fundación que lidera la Primera Dama, Cecilia Morel, tiene por objetivo acercar las tecnologías a los sectores menos favorecidos, esa es la prioridad, pero ahora le sumó el reciclaje de esos mismos aparatos que con el tiempo van quedando obsoletos. "Ojalá se pudiera reciclar lo de todo Chile, pero estamos aumentando la capacidad de reciclaje con estas dos maquinas para hacer todo más rápido y eficiente", asegura Morel.

Además de la máquina que recicla monitores hay otra que tritura impresoras y separas los plásticos de los metales. Y hay una tercera máquina. Una especie de horno que llega a temperaturas sobre los mil grados celsius. Su objetivo es rescatar todos los metales preciosos que tiene la basura tecnológica.

"Esta es una placa madre que tienen casi todos los aparatos electrónicos. Esto es valioso por los metales que contiene. Oro, paladio, platino y básicamente cobre", dice Romina Cayumil, directora de carrera ingeniería civil en metalurgia  de la Universidad Andrés Bello.