¿Cuánto pesa la centroizquierda?

Se ha escrito mucho sobre el reestreno de Michelle Bachelet y Gabriel Boric en la política interna. Más allá de las posibles aspiraciones presidenciales de ambos, en esta columna me hago una pregunta distinta que apunta a medir el peso electoral y territorial de la coalición que comienza a tomar forma bajo su liderazgo, desde la DC hasta el PC, e incluyendo al Frente Amplio.

Es un experimento muy parecido a la fracasada Nueva Mayoría, aunque sería apresurado darlo por muerto antes de nacer. Esta vez, Bachelet comparte protagonismo con Boric; la nueva coalición se construye desde la oposición y la fuerza electoral de los partidos ha cambiado considerablemente respecto de 2014. En consecuencia, queda mucho por construir, pero también existe una base política desde la cual comenzar.

Si medimos la fuerza electoral de esta coalición en función del número de representantes que posee en los distintos cargos de elección popular, las cifras no resultan tan dramáticas en sí mismas. La impresión cambia radicalmente al comparar los resultados de 2024 y 2025 con los de 2021, pues el retroceso es considerable tanto en el Congreso como en los gobiernos regionales y municipales. Por tanto, conviene distinguir entre el poder que conserva actualmente la centroizquierda y el que perdió en el último ciclo electoral.

En la elección de diputados de 2025, la coalición obtuvo 64 escaños, que representan el 41,3% del total de la Cámara, por debajo de los 77 que había conseguido en 2021. En las gobernaciones, en tanto, conquistó ocho regiones, perdiendo una parte importante del poder territorial que había alcanzado cuatro años antes, incluida la Región Metropolitana. Si bien Claudio Orrego fue reelecto, en 2024 lo hizo como independiente fuera de pacto. En la elección de consejeros regionales, la centroizquierda conquistó 130 de los 302 escaños disponibles, con lo que su representación cayó del 48,3% al 43%.

En alcaldes el resultado fue aún más doloroso, pues obtuvo apenas 110 alcaldías, 43 menos que en 2021. Hay que recordar que en 2024 perdió Santiago, Puerto Montt, Rancagua, La Serena, Arica, Ñuñoa, Concepción, Copiapó, Osorno y Quilpué, entre otras. La magnitud de esta derrota se aprecia mejor cuando examinamos la población que administran sus municipios. En 2021, la centroizquierda gobernaba al 53,1% de los chilenos, cifra que descendió al 37,8% en 2024. Sin embargo, la derecha apenas se sitúa por debajo, con un 37,6% de la población, pese a haber aumentado de 87 a 131 municipios, resultado que fue interpretado como uno de sus mayores triunfos electorales. Finalmente, en la elección de concejales, la centroizquierda consiguió 1.035 de los 2.256 cargos disponibles, perdiendo 369 respecto de 2021.

Estas cifras dibujan, ciertamente, una coalición debilitada, pero en ningún caso extinta. Conserva una representación parlamentaria significativa, administra municipios que reúnen a más de un tercio de la población y mantiene una presencia territorial que puede servir de plataforma para su recuperación. El desafío consiste en transformar esa fuerza dispersa en una organización capaz de competir nuevamente por el gobierno. Por eso, la decisión de la expresidenta Bachelet de reunir a los partidos junto con Boric parece acertada, pues ofrece una instancia de articulación a un sector que todavía acusa las derrotas de 2024 y 2025.

Además, según la medición de Cadem de la semana pasada, seis de los diez liderazgos mejor evaluados pertenecen a la centroizquierda, lo que sugiere que el sector conserva figuras atractivas para la ciudadanía, aunque esa valoración todavía deba traducirse en respaldo electoral.

La gran incógnita es quién conducirá esta reconstrucción y hasta dónde llegará la unidad entre partidos que tienen trayectorias, electorados y aspiraciones diferentes. Si Bachelet quiere seguir en la primera línea, deberá continuar con el flirteo de una eventual candidatura presidencial. Esa incertidumbre le permite mantener abiertas sus opciones, entusiasmar al PS, atraer la atención de la prensa y conservar un lugar privilegiado en las encuestas de opinión. Boric, por su parte, también tiene razones para participar activamente, pues el Frente Amplio buscará conservar el liderazgo que alcanzó durante su gobierno.

La centroizquierda tiene votos, cargos y figuras reconocidas. Lo que todavía necesita es convertir esos recursos en un proyecto compartido. Bachelet y Boric pueden reunir a los partidos en una misma mesa, pero recuperar el poder exigirá mucho más que una fotografía de unidad.