Alerta por Listeria: ¿Qué hacer con los productos retirados y cuáles son los riesgos?

¿Qué pasó? 

La alerta alimentaria emitida recientemente por el Ministerio de Salud (Minsal) debido a la detección de Listeria monocytogenes en un lote de queso mantecoso laminado reabrió las dudas sobre una bacteria que, pese a no provocar una de las infecciones alimentarias más habituales, puede generar consecuencias graves para la salud.

Claudia Foerster, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales de la Universidad de O’Higgins (UOH), explicó que una de las principales características de este microorganismo es su capacidad para encontrarse en el ambiente y llegar a diferentes tipos de alimentos.

“La Listeria monocytogenes es una bacteria que puede estar presente en el ambiente y contaminar distintos alimentos, en particular aquellos listos para el consumo, es decir, que no se cocinan antes de comerlos”, señaló la especialista.

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El riesgo aumenta cuando la infección deja de estar limitada al sistema digestivo y consigue propagarse hacia otras partes del organismo, situación que puede presentarse especialmente en personas con defensas disminuidas.

“En algunas personas, sobre todo las que tienen baja inmunidad, no se queda únicamente en el intestino, puede pasar a la sangre y llegar a otros órganos, como el cerebro o la placenta. Por eso, aunque la listeriosis no es una de las infecciones alimentarias más frecuentes, cuando se vuelve invasiva puede ser muy grave y provocar septicemia o meningitis”, detalló Foerster.

¿Cómo puede llegar la Listeria al queso?

En productos como el queso, la contaminación puede producirse en diferentes etapas. Según explicó la académica, una posibilidad es la utilización de leche que no haya sido sometida adecuadamente a un proceso de pasteurización, mientras que otra corresponde a una contaminación posterior.

“La contaminación puede ocurrir porque se utilizó leche cruda o no pasteurizada, o porque el alimento se contaminó después de la pasteurización, durante su elaboración, manipulación o envasado”, indicó.

A diferencia de otros microorganismos, mantener un alimento refrigerado no necesariamente evita el desarrollo de esta bacteria. Su capacidad para resistir bajas temperaturas constituye precisamente una de las dificultades para controlarla.

“La Listeria puede permanecer bastante tiempo en los ambientes donde se procesan alimentos, sobre todo en superficies húmedas y equipos difíciles de limpiar, protegida en biopelículas. Una de sus particularidades más importantes es que puede sobrevivir e incluso multiplicarse en el refrigerador. A temperaturas bajo cero detiene su multiplicación, pero no muere”, explicó la investigadora.

¿Qué hacer si tengo un producto afectado?

Ante una alerta alimentaria, la recomendación es verificar los productos almacenados en el hogar y respetar las instrucciones entregadas por la autoridad sanitaria. La apariencia normal de un alimento no permite descartar que exista contaminación.

“Si tengo en mi casa un producto que ha sido retirado por Listeria, la recomendación principal es no consumirlo, aunque tenga buen aspecto, olor o sabor, y seguir la indicación de la autoridad sanitaria respecto de su devolución o eliminación. También conviene revisar si estuvo en contacto con otros alimentos y limpiar cuidadosamente la zona del refrigerador donde se almacenó”, enfatizó Foerster.

En cuanto a los síntomas, estos pueden ir desde manifestaciones relativamente leves hasta cuadros que requieren atención médica. Otra dificultad es que no necesariamente aparecen inmediatamente después de consumir el alimento contaminado.

“Pueden ser relativamente leves, como fiebre, malestar general o molestias gastrointestinales, pero cuando la infección se vuelve invasiva aparecen signos más graves, como fiebre alta, rigidez de cuello, confusión o convulsiones, que requieren atención médica. Además, los síntomas pueden manifestarse varios días o semanas después de consumir el alimento, por lo que a veces es difícil relacionarlos con lo que se comió”, explicó.

¿Quiénes enfrentan mayor riesgo?

Las embarazadas, adultos mayores, recién nacidos y personas con el sistema inmunológico debilitado se encuentran entre los grupos que requieren mayores precauciones frente a la Listeria.

“Las embarazadas, los adultos mayores, los recién nacidos y las personas con el sistema inmunológico debilitado son más vulnerables porque sus defensas tienen menor capacidad para contener la bacteria. En el caso de las embarazadas, además, la Listeria puede atravesar la placenta y afectar directamente al feto, incluso cuando la madre presenta síntomas leves”, sostuvo la académica.

La reciente alerta vuelve así a poner énfasis en la importancia de revisar los productos retirados del mercado, respetar las instrucciones de la autoridad sanitaria y mantener medidas adecuadas de higiene, conservación y manipulación de los alimentos, particularmente aquellos que se consumen sin una cocción previa.

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