Prohibido perder
Periodista de Meganoticias especializado en deporte, titulado en U. Diego Portales.
El deporte tiene algo que la sociedad moderna intenta esconder todo el tiempo: la derrota.
Pareciera que perder está prohibido. Hay que triunfar rápido, mostrarse exitoso y aparentar seguridad permanente. Las redes sociales son vitrinas de victorias, medallas y celebraciones, pero pocas veces muestran la frustración, el enojo o las dudas de quienes no consiguen el resultado esperado. Quizás por eso el deporte sigue siendo tan necesario: porque nos enfrenta a nuestros propios límites y nos enseña que no siempre se gana, que la palabra “perder” existe.
El deportista entrena durante años para alcanzar unos segundos de gloria y muchas veces no lo consigue. Pierde una final, queda fuera del podio, se lesiona o simplemente su rival fue mejor. Entonces aparecen las preguntas, las críticas y, en ocasiones, los juicios apresurados: ¿para eso entrenó tanto?, ¿hasta cuándo va a intentarlo?, “es un fracasado”, “mejor que se retire”.
Hay quienes creen que conformarse con una participación, una clasificación o una medalla que no sea la de oro es acostumbrarse a perder. Otros consideran que, si un deportista no alcanza el primer lugar, su actuación pierde valor. Es una mirada cada vez más extendida en una sociedad obsesionada con los resultados, pero a veces injusta. No se considera el esfuerzo y la superación detrás de cada competencia.
Pensemos en Valentina Toro, karateca, campeona mundial juvenil en 2019. En agosto del año pasado, la chilena ganó un histórico bronce en los Juegos Mundiales de Chengdú (el karate no es parte de los juegos olímpicos y este torneo es la máxima categoría de la disciplina). Ella misma reconoció que esperaba un poco más y que tuvo sentimientos encontrados. Meses después, sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. La lesión la mantuvo nueve meses fuera de las competencias, pero en septiembre pasado, en los Juegos Suramericanos de Santa Fe, volvió al tatami y ganó el oro.
Su historia no demuestra que el bronce fuera una derrota que necesitaba corregir. Demuestra algo mucho más importante: que el camino de un deportista no se termina cuando no consigue el resultado que esperaba. Y que regresar, después de una lesión que amenazaba con cambiarlo todo, también es una forma de triunfo.
Está el caso del lanzador de disco Lucas Nervi, oro en los juegos panamericanos de Santiago 2023, y que ahora en Santa Fe 2026, no logró subirse al podio. Fue autocrítico con su presentación, recibió apoyo a través de las redes sociales, pero también asomó el juicio destemplado.
No se trata de romantizar la derrota ni sentirse cómodo. El alto rendimiento exige ambición, autoanálisis y una búsqueda permanente de superación. Los deportistas quieren ganar y tienen todo el derecho de frustrarse cuando no lo consiguen. La diferencia está en entender que una cosa es reconocer lo que se pudo hacer mejor y otra muy distinta es descalificar a quien no llegó primero.
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